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Jaime Perales Contreras

¿Cuánto cuesta un escritor latinoamericano en Estados Unidos?

En la feria del libro de viejo que se celebra anualmente en Washington, se reúnen diversos libreros y coleccionistas para comprar o, como en el caso de la mayoría, tan sólo conformarse con acariciar por unos minutos algunas de las primeras ediciones de la gran literatura de todos los tiempos.

Algunas de las diversas novedades que se apreciaban era la primera edición del Ulysses de James Joyce publicado en París en el año de 1922, valuado en $35,000 dólares. Igualmente, se podía adquirir por el mismo precio These Thirteen de William Faulkner dedicado por el propio Faulkner a su primer agente literario Bernard Wasson. También se encontraba el primer libro de Ernest Hemingway, Three Stories and Ten Poems, obra menor de Hemingway, que, debido a su extrema rareza de sólo trescientos ejemplares publicados en París en el año de 1923, hizo que el librito hubiera sido valuado en $65,000 dólares.

El gran defecto de la feria era el etnocentrismo ya que la gran mayoría de los libros estaban publicados en inglés y, aunque siempre hay algunos alemanes y franceses, todos éstos eran superados abrumadoramente por autores norteamericanos.

La edición rústica de Cien años de soledad (cuya portada enseña una gran arca blanca del que crece un robusto y desgreñado árbol en fondo azul) editada en un ya amarillento papel marfil, costaba $5,500 dólares y, de hecho, el ejemplar podía haber llegado fácilmente hasta los $12,500 de haberse encontrado firmado por el propio García Márquez.

Coleccionar a todo García Márquez puede resultar una afición sumamente costosa ya que actualmente el escritor colombiano publica simultáneamente sus libros en cinco distintas editoriales: Mondadori en España, Diana en México, Sudamericana en el Cono Sur, Random House en los Estados Unidos y Norma en los países del Pacto Andino (Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia), sin contar las diversas traducciones que se realizan en los distintos idiomas de tan sólo uno de sus libros. Ya no se diga algunos de sus manuscritos: La viuda de Montiel, La siesta del martes y Rosas artificiales, cuentos incluidos en el volumen, Los funerales de la mamá grande (1962), cuyos originales fueron extraviados en México, según la leyenda difundida por el propio García Márquez, se ofrecieron al público, hace algún tiempo, por un librero norteamericano al precio de $9,500 dólares cada manuscrito. Es decir, para el coleccionista especializado en García Márquez tener los tres manuscritos equivaldría a desembolsar casi $30,000 dólares en apenas escasas veinticuatro páginas escritas a máquina por el premio Nóbel de literatura.

Aunque, sin lugar a duda, alguien que su precio ha incrementado substancialmente más que García Márquez, ha sido el escritor argentino Jorge Luis Borges. Hace tres años, el librero norteamericano John Bronowsky, probablemente el más importante coleccionista de la obra de Borges, presentó en Nueva York una exhibición sobre el autor. Entre el mar de primeras ediciones, y manuscritos, sobresalió el precio de las ocho cuartillas del original de La biblioteca de Babel que actualmente lo vende, por si alguien desea animarse a comprarlo, en medio millón de dólares y puede adquirirlo en su librería Lame Duck Books ubicada en Boston, Massachussets.

También Bronowski posee el manuscrito original del famoso cuento de Julio Cortázar, Casa tomada, que se puede conseguir por $200,000 dólares. O el caso del brasileño, Joaquim María Machado de Assis, cuyas dos páginas de su poema Uma criatura estaban de oferta y solamente costaban $42,500 dólares.

De hecho en la información electrónica de The Antiquarian Booksellers’ Association of America puede uno encontrarse con interesantes sorpresas. El costo de la venta de un ejemplar de El arco y la lira (1956) firmado por Octavio Paz es de $2,250 dólares; Los días enmascarados (1954) de Carlos Fuentes, cuyos quinientos ejemplares fueron publicados por la editorial de Arreola, Los presentes, $1,250. Los jefes (1959), primer libro de Vargas Llosa, editado en Barcelona por la editorial Leopoldo Alas, $3,500. Por su parte, una primera edición autografiada de Pedro Páramo (1955), publicada por el FCE, llega a valer hasta $8,500 dólares.

En muchos casos, uno puede percibir que la literatura latinoamericana en Estados Unidos se ha cotizado desproporcionadamente en ambos sentidos. ¿Por qué una primera edición de Pedro Páramo autografiada vale menos, en comparación a Cien años de soledad, dado que el primero fue un libro que influyó de manera importante para que se escribiera el segundo? ¿Por qué Borges y no Alfonso Reyes? ¿Acaso los precios acuñados por los norteamericanos son una especie de categorización de escritores de primera y segunda división, de pesos completo, welter y mosca?

¿Cuánto cuesta una primera edición de un escritor latinoamericano traducido en lengua inglesa? Las respuestas generalmente varían y aunque la antigüedad es importante, ésta no es la razón fundamental para el incremento del libro. La razón básica es probablemente la popularidad del autor en lengua inglesa y esto originalmente viene acompañado por una traducción buena y correcta. La firma del autor inscrita en el libro es otra razón de importancia. (Por ejemplo, un libro firmado por Julio Cortázar vale sustantivamente más que otros escritores debido a que no acostumbraba autografiar sus libros) y, por último, la escasez y la calidad del ejemplar son otras dos razones de peso en la evaluación comercial de un autor.

También se podrían argumentar otras razones de carácter histórico para que un escritor latinoamericano en la actualidad sea visto con interés en el mercado norteamericano. El concepto de América Latina, literariamente hablando, para el lector en lengua inglesa, fue prácticamente inexistente hasta que en el año de 1941 aparecería, según el crítico Donald Yates, el primer estudio que la cifra como un centro de gravitación literaria: The Outline History of Spanish American Literature, editado por Irving A. Leonard. Cuatro años más tarde, el esfuerzo se complementó cuando apareció la primera antología de literatura latinoamericana, editada por el propio Leonard. También puede unirse a este esfuerzo de difusión colectiva las traducciones al inglés, en los primeros años del siglo veinte, de los libros de Fernández de Lizardi, de Mariano Azuela y del propio Jorge Luis Borges, ya que el primer texto de Borges que se conoció en lengua inglesa, El jardín de los senderos que se bifurcan, apareció en agosto de 1948 en el Ellery Queen’s Mystery Magazine, una revista pulp especializada en literatura detectivesca. Sin embargo, todos estos intentos fueron muy tímidos hasta que se dio esa famosa traducción masiva de narradores y poetas latinoamericanos en la década de los años sesenta por cuatro factores: 1) la gran atracción y odio que desencadenó la revolución cubana en los círculos intelectuales en el mundo, 2) el Prix International des Editeurs que recibió Jorge Luis Borges en 1961, junto con el escritor Samuel Beckett, el cual hizo que Borges fuera traducido inmediatamente a todas las lenguas europeas; 3) el nacimiento del boom literario, con sus cuatro ejes fundamentales (Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez y Julio Cortázar) y todas sus repercusiones de carácter político y cultural; 4) los premios Nóbel que ganaron Gabriela Mistral en 1947, Miguel Angel Asturias en 1967, Pablo Neruda en 1971, Gabriel García Márquez en 1982 y Octavio Paz en 1990. Y no se puede olvidar, dentro de este grupo de galardonados, la muy famosa tradición escandinava de no haberle otorgado el premio Nóbel a un “oscuro” escritor argentino llamado Jorge Luis Borges, el cual, paradójicamente, su fama se fue acrecentando a medida que disminuían sus oportunidades de ganarlo.

Otro elemento de gran influencia ha sido el descubrimiento de Latinoamérica por parte del cine europeo. Entre algunos ejemplos se puede mencionar el célebre caso de Julio Cortázar cuyo cuento Las babas del diablo fue usado como material para realizar Blow-up de Antonioni en 1967 y que se convirtió en una influencia fundamental para el thriller norteamericano contemporáneo; Jean Luc Godard igualmente utilizó material de Cortázar para su película Week-end (1968) y de Jorge Luis Borges para su film-noir de ciencia ficción Alphaville (1965). Por su parte, Bernardo Bertollucci se inspira en el Tema del traidor y del héroe del mismo Borges para su filme: The Spider’s Stratagem. Algunos ejemplos más recientes en Estados Unidos han sido: Gringo viejo (1986), de Luis Puenzo, película basada en la novela homónima de Carlos Fuentes, las adaptaciones a Broadway y a Hollywood tanto de El beso de la mujer Araña(1985) de Manuel Puig como de La muerte y la doncella (1992) del crítico y escritor chileno Ariel Dorfman. Es imposible no mencionar tres filmes basados en novelas Como agua para chocolate (1992), de Laura Esquivel, El cartero de Neruda (1995) del chileno Antonio Skármeta y ese interesante tour de force como es Fresa y chocolate (1994), en el que aparecen los temas y variaciones de una novela como es Paradiso de Lezama Lima, sin contar en sí la novela misma. Asimismo una película que se llevó una atención singular por el número de premios internacionales fue Antes que anochezca (2000), basada en las memorias de Reinaldo Arenas. Tampoco se puede olvidar la participación en el cine norteamericano de Guillermo Cabrera Infante con su guión que sirvió para las dos versiones de Vanishing Point (1971 y 1997), película que ha influido a innumerables cineastas europeos y norteamericanos, entre ellos, Quentin Tarantino, para su último filme Grindhouse (2007). Un factor aislado, pero importante, sería simplemente la moda que se da entre las celebridades del cine y la política de leer autores latinoamericanos. La actriz Sharon Stone se confesó hace algunos años admiradora de la poesía de Octavio Paz o Bill Clinton de García Márquez y Carlos Fuentes.

Todos estos factores en su conjunto han servido de excusa para que una primera edición latinoamericana llegue a cotizarse al precio equivalente de varios automóviles, el enganche de una buena casa o el pago de muchos años de comida. Sin embargo, quizás todo esto no importe mucho, porque la verdadera razón tal vez nazca de ese vértigo cultural que representa el consumismo norteamericano que, desde tiempos remotos, se ha lanzado a una cruzada mercantil intentando coleccionar todo lo que existe sobre alguien para cubrirse indirectamente de la gloria del coleccionado. Aunque el bibliófilo en ocasiones olvida que la gloria, si esto sirve de consuelo, no se encuentra en el precio del libro, sino en el gusto que nos produce leerlo.

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